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Textos literatura latina

28 Oct

En esta entrada podréis leer una serie de textos pertenecientes a la literatura latina, a la que nos hemos acercado en la clase de hoy. Os propongo tratar de averiguar el nombre del autor/a y su género a través de sus características formales y temáticas. Las soluciones están al final de la entrada.

Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,
y las habladurías de los viejos puritanos
nos importen todas un bledo.
Los soles pueden salir y ponerse;
nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,
tendremos que vivir una noche sin fin.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para ignorarla
y para que ningún malvado pueda dañarnos,
cuando se entere del total de nuestros besos.

Euclión.- ¡Sí, por Hércules! Yo te llevaré enseguida junto al pretor y le diré que te abra un proceso, si no me la devuelves.

Licónides.- ¿Yo? ¿Qué tengo que devolverte?

Euclión.- Lo mío que me has robado.

Licónides.- ¿Que yo he robado algo tuyo? ¿Dónde? ¿De qué se trata?

Euclión.- (Irónicamente) ¡Quiérame bien Júpiter, de modo que tú no lo sepas!

Licónides.- Si no me dices lo que pides…

Euclión.- Hablo de la olla de oro, esto es lo que pido; aquella olla que tú mismo has dicho que habías robado.

Licónides.- ¡Por Pólux, yo no he dicho ni hecho semejante cosa!

Euclión.- ¿Dices que no?

Licónides.- Ya lo creo. Digo que no, una y mil veces. Nada sé, ni he oído hablar tampoco del oro, ni de la olla que dices.

Euclión.- Veamos. Aquélla que te has llevado del bosque de Silvano. Devuélvemela y estaría de acuerdo en dividirla contigo, mitad y mitad. Aunque seas un ladrón, no me disgustas. ¡Vamos, devuélvela!

Licónides.- Tú estás loco, tratándome de ladrón. Creía, Euclión, que estabas al corriente de otra cuestión que me concierne a mí. Sobre ella, quiero hablarte con toda tranquilidad, si tienes tiempo.


Enmudecieron todos, conteniendo
el habla, ansiosos de escuchar. Eneas
empieza entonces desde su alto estrado:
«Espantable dolor es el que mandas,
oh reina, renovar con esta historia
del ocaso de Ilión, de cómo el reino,
que es imposible recordar sin llanto,
el Griego derribó: ruina misérrima
que vi y en que arrostré parte tan grande.
¿Quién, Mirmidón o Dólope o soldado
del implacable Ulises, referirla
pudiera sin llorar? Y ya en la altura
la húmeda noche avanza, y las estrellas
lentas declinan convidando al sueño.
Mas si tanto interés tu amor te inspira
por saber nuestras lástimas, y en suma
lo que fue Troya en su hora postrimera,
aunque el solo recuerdo me estremece,
y esquiva el alma su dolor, empiezo.
Del Hado rebatidos, tantos años,
los caudillos de Grecia, hartos de lides,
con arte digno de la excelsa Palas […]

Si vuestros muslos conservan

el encanto de la juventud y vuestro pecho no tiene defectos,

el hombre permanecerá de pie, mientras vosotras

os tenderéis sobre el lecho perpendicularmente a él.

En esta actitud no os avergüence soltar vuestra cabellera,

y volved la cabeza dejando

vuestros cabellos en cascada. Hay mil maneras de gustar

los placeres de Venus; la más sencilla y menos cansada

es echarse a medias sobre el lado derecho.

Pero ni los trípodes de Febo, ni Ammon,

Si hay algo que merezca confianza,

son los consejos de mi tratado, fruto de una larga experiencia;

nuestros versos no defraudarán vuestra confianza.

¡Que la mujer sienta el placer de Venus penetrarla

hasta lo más profundo de su ser, y que el goce sea igual

para su amante que para ella! ¡Que las conversaciones amorosas

y los dulces murmullos no se interrumpan jamás,

y que las palabras lascivas encuentren un lugar entre

vuestros juegos!


No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No fíes del incierto mañana.

Catulo; La olla, de Plauto; la Eneida, de Virgilio; Ars Amandi, de Ovidio; Carpe Diem, de Horacio.

 

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2 Respuestas a “Textos literatura latina

  1. aida

    28 octubre, 2011 at 16:37

    El primer texto es un poema de Catulo, en sus poemas se puede observar el clásico tópico literario Carpe Diem -vivir la vida y disfrutar de ella- con facilidad, unido a su eterno amigo Tempus Fugit -la fugacidad del tiempo y de la vida- y un claro ejemplo es este poema Besos para Catulo.

     
    • literaturauniversaldistancia

      28 octubre, 2011 at 16:49

      Muy bien, Aida. Además, había olvidado titular el poema de Catulo, Besos para Lesbia o Vivamos, Lesbia mía (como dice su primer verso)

       

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